Capítulo 64.
Tianyu
Me eché agua fría en la cara, levanté la mirada y apenas pude reconocer al hombre que me devolvía el reflejo en el espejo. Tenía el pelo revuelto, ojeras profundas bajo los ojos enrojecidos por la falta de sueño y la piel pálida, opaca, sin vida.
No había regresado a la mansión desde que ingresaron a mi esposa, y de eso ya habían pasado un par de días. No quería dejarla sola. Quería velar su sueño, sostener su mano y asegurarme de que, al despertar, yo fuera la primera persona que viera.