Capítulo 63.
Tianyu
—¡Muévete, carajo! —le rugí a Zhenyu mientras el motor del auto rugía a fondo, saltándose el tercer semáforo en rojo consecutivo.
Zhenyu no respondió; se limitó a apretar el volante con los nudillos blancos, esquivando el tráfico de las avenidas elevadas de Shanghái como un maldito demente. Detrás de nosotros, dos camionetas blindadas con nuestros hombres nos seguían el paso a una velocidad suicida, abriendo el camino a base de claxonazos y frenones.
Normalmente, cruzar desde la mansión