Capítulo 33.
Tianyu
Liyan me había condicionado. Jugó conmigo como si fuera un peón y me obligó a arrodillarme para pedirle perdón. Me tenía a sus pies, en la palma de su mano, y lo estaba disfrutando. Por supuesto que sí; amaba tener el mando y ver cómo me desarmaba con una sola palabra.
Esa mañana, al despertar, la tenía pegada a mi pecho, con la mejilla apoyada en mí y su respiración caliente acariciándome la piel. Mis brazos la rodeaban instintivamente, como si temiera que al soltarla fuera a desaparece