Capítulo 34.
Tianyu
Eran las tres de la mañana y los números seguían sin cuadrar. Tenía el escritorio lleno de balances de los casinos de Macao y las rutas de carga, pero había una fuga de capital que no lograba rastrear. El dolor de cabeza me estaba matando; la presión de la sucesión y la sombra del viejo me estaban pasando factura.
El suave chirrido de la puerta me hizo levantar la vista. Liyan entró con una bandeja; el aroma del café recién hecho inundó el despacho, rompiendo la atmósfera rancia de taba