Capítulo 28.
Yuna
El aire en la habitación de la planta alta parecía haber desaparecido, consumido por la intensidad de la mirada de mi esposo. Tianyu me soltó los pies en cuanto entramos, pero no para dejarme ir, sino para cerrar la puerta con un golpe seco que resonó en mis oídos como el inicio de una sentencia. El sonido del cerrojo deslizándose me provocó un escalofrío que bajó por mi espalda y se instaló caliente entre mis piernas.
Me giré lentamente, ajustándome la bata de seda que apenas colgaba de m