~ELENA~
Nadie respira.
Ni los guardias congelados a mitad de paso.
Ni Vincenzo, cuya mano se levanta como si quisiera tirarme hacia atrás y no se atreve.
Ni siquiera Nico o Riccardo, cuyos rostros se han vuelto rígidos con pura, sin filtrar alarma.
Lorenzo me mira.
Por un latido…dos…tres.
Entonces se ríe.
Es bajo. Suave. Casi divertido.
Una risa que se arrastra bajo mi piel.
“¿Maté a tu madre?” repite, inclinando ligeramente la cabeza. “Elena, estás agotada. Traumatizada. Acabas de pasar por un