93. Pastillas
El olor del caldo de pollo era más que suficiente para levantar a un muerto. Coloqué de manera cuidadosa el líquido en la sopera, colocándolo todo en una bandeja junto a un vaso con agua y unas pastillas. Con pasos suaves me dirigí hacia la habitación, la cual abrí con detenimiento.
La luz se había filtrado por la ventana; un leve gruñido de molestia se escuchó y, junto a esto, noté cómo el ronquido suave se detenía. Me acerqué a la mesa de noche, colocando la bandeja y notando cómo se giró al s