83. Permíteme pensarlo
Ambos me miraron de manera expectante, como si mi respuesta pudiera cambiar por completo el transcurso de lo que estaba por suceder. Bajé el rostro lentamente. Miré mis manos y, tras eso, dejé escapar un largo suspiro.
Yo no buscaba mudarme a otro país; aunque firmé ese contrato fue porque no había más opción. Me tomó del eslabón débil de mi alma: mi madre, mis deudas, mi necesidad de tener la custodia completa de mi pequeño.
—Yo… permítanme pensarlo, ¿les parece?
Aurora se acercó hacia mí y me