38. Cita
Su mirada era firme y atrayente. No había ni un solo momento de duda, y eso era lo que más me hacía pensar que todo estaba mal. Su mano, que antes había tenido un toque cálido, en esos momentos parecía solo firme. Había un brillo distinto. El aire entre nosotros pareció desaparecer; era sofocante en el sentido de que el oxígeno faltaba, pero no lo suficiente para sentirnos incómodos. La respiración, su voz, chocaban con ligereza en mis labios.
—No puedes estar con él porque quiero que estés con