* CANDICE *
—Buenos días, preciosa, ¿Cómo amaneciste?
Di un respingo apenas escuché la voz de mi jefe a centímetros de mi oído. Un cosquilleo recorrió mi espalda, y sentí cómo mis mejillas se ruborizaron intensamente.
Retrocedí con un movimiento brusco de mi silla giratoria, observando cautelosamente a mí alrededor. Por suerte, mis compañeros de cubículo aún no habían llegado. Al menos por el momento, no tendríamos que preocuparnos de las miradas indiscretas.
Finalmente, elevé mi mirada hacia e