88. MIEDO
Sin embargo, antes de que Manuel pudiera dar respuesta, Nadir se adelantó y, con un ímpetu protector, arrebató a Lianet de sus brazos, envolviéndola en un abrazo que pretendía ser un escudo contra el mundo. Su corazón latía desbocado, al unísono con el de Lianet, cuyos oídos aún resonaban con las palabras temerosas de su padre:
"No puedo perderte a ti también, no puedo". ¿A quién más había perdido su padre? ¿Acaso se refería a su madre?
Lianet se aferró a su prometido, buscando en él la fue