Su voz se quebró por primera vez.
Pero no retrocedió.
—Tú los mataste.
El silencio que siguió fue brutal.
Beatriz sintió cómo el aire desaparecía de sus pulmones.
Sus piernas dejaron de sostenerla.
Cayó de rodillas contra el frío mármol del hospital, las manos temblorosas cubriendo su boca mientras