Mundo de ficçãoIniciar sessãoDios, cómo la tengo que cuidar… pensó Valeria, sintiendo un ardor protector que siempre la ponía en modo “hacer lo que sea necesario”. No voy a permitir que se hunda por un tipo que ni se merece su tiempo. Si quiere llorar, llorará de felicidad después de que le recuerde lo increíble que es.
—No quiero conocer a nadie —susurró Isabella—. Ni halagos, ni coqueteos… nada.







