Mundo ficciónIniciar sesiónMientras escuchaba la voz preocupada al otro lado de la línea, sus pensamientos se volvían cada vez más claros, más determinados: Haré lo que sea necesario para terminar este matrimonio. No más dolor. No más silencio.
Conducía sin prisa; los dedos le temblaban sobre el volante. La ciudad seguía su curso habitual —el tráfico, las bocinas, la vida—, pero para ella todo sonaba lejano, como si ya no perteneciera a ese mundo.
Aún podía ver su rostro en su mente: frío,







