57 Grietas en la fachada.
La miró de inmediato. Isabella percibió su atención, pero no levantó la vista. Tomó asiento y empezó a servirse el desayuno con movimientos tranquilos, casi fríos.
—Buenos días —dijo él.
—Buenos días —respondió ella, con su voz monótona.
El silencio se volvió espeso.
Dereck la observaba, y aunque no lo decía, el arrepentimiento se reflejaba en su expresión. Isabella lo sentía, pero no le importaba. No esa mañana. No después de haberse preguntado una y otra vez por qué él no era capaz de simplem