57 Grietas en la fachada.

La miró de inmediato. Isabella percibió su atención, pero no levantó la vista. Tomó asiento y empezó a servirse el desayuno con movimientos tranquilos, casi fríos.

—Buenos días —dijo él.

—Buenos días —respondió ella, con su voz monótona.

El silencio se volvió espeso.

Dereck la observaba, y aunque no lo decía, el arrepentimiento se reflejaba en su expresión. Isabella lo sentía, pero no le importaba. No esa mañana. No después de haberse preguntado una y otra vez por qué él no era capaz de simplemente soltarla.

—Isa… —comenzó él, dudando—. Sobre anoche… yo…

Isabella tomó un sorbo de café, sintiendo cómo el líquido caliente bajaba por su garganta irritada. —No pasa nada —respondió con una suavidad que dolió más que un grito—. Ya quedó atrás.

Dereck apretó la mandíbula. Esa indiferencia era su peor pesadilla. Preferiría que ella le lanzara el plato a la cara a que lo tratara como si fuera un extraño en su propia mesa.

—Estaba molesto —continuó él, desesperado por una reacción—. La situaci
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