Aimée
La mañana tardó en llegar.
No sé si dormí.
O si simplemente deslicé de un estado a otro, como se hunde uno en el agua tibia, sin saber en qué momento dejó de respirar.
Recobré la conciencia en el mismo sillón.
El escritorio estaba vacío.
Su taza aún tibia.
Y en el borde del escritorio… una hoja.
Mi nombre.
Escrito de su mano.
Solo eso.
Aimée.
Sin palabras.
Sin explicaciones.
Pero una huella.
Como una marca.
La plegué y la deslicé contra mi piel, en mi sujetador.
No para esconderla.
Sino para mantenerla cerca de mi corazón.
Como una amenaza suave.
O una prueba.
Me levanté sin ruido.
Crucé mi reflejo en el espejo del pasillo.
Mi cuello llevaba una marca.
Su huella.
Sonreí.
Pero esa sonrisa me dio miedo.
**
No estaba allí para el desayuno.
Ni para el almuerzo.
Pero flotaba.
En cada silencio entre dos frases de mi padre.
En cada mirada de mi madre, demasiado educada, demasiado normal.
En la risa forzada de mi hermano, que hablaba demasiado alt