Aimée
La mañana tardó en llegar.
No sé si dormí.
O si simplemente deslicé de un estado a otro, como se hunde uno en el agua tibia, sin saber en qué momento dejó de respirar.
Recobré la conciencia en el mismo sillón.
El escritorio estaba vacío.
Su taza aún tibia.
Y en el borde del escritorio… una hoja.
Mi nombre.
Escrito de su mano.
Solo eso.
Aimée.
Sin palabras.
Sin explicaciones.
Pero una huella.
Como una marca.
La plegué y la deslicé contra mi piel, en mi sujetador.
No par