13-2

—Bueno, tú lo has dicho... —comencé, sonriendo.

—¡Ven aquí! —me atrajo hacia él, me abrazó por la cintura, se acercó a mis labios, y yo sonreí y puse mi dedo sobre sus labios, impidiéndole que me besara.

—¡Come mi pintalabios! ¡Y yo quiero una foto perfecta, justo después de convertirme en tu esposa!

—Sabes que eso no me detendrá, ¿verdad? —so
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