Me encontraba mirando por la ventana el amanecer, sentada y abrazada a una manta.
Nicholas, tenía que cumplir con contratos, así que luego de contarle todo lo que me había ocurrido y cómo había logrado llegar al hotel, se fue a la ducha para partir su día.
—¿Estarás bien? ¿Quieres venir conmigo? —susurró en mi oído, mientras yo miraba a través de la ventana.
—No, cariño, necesito estar a solas —respondí, llorando.
—Renato me llamó, en un rato vendrán a dejarte ropa nuevamente.
—Gracias.
—Me