Entramos corriendo a la urgencia, preguntamos por el italiano y nos hicieron pasar a verlo.
Estaba tirado en una cama, llorando y completamente angustiado.
—¡Llegaron! —exclamó. Tenía cara de dolor.
—Renato, ¿qué paso? ¿Estás bien? —pregunté, preocupada. Le tomé la mano.
—¡No lo estoy, miren! —Se bajó la frazada que lo tapaba y nos mostró su pene completamente inflamado y morado.
Ambos con Nicholas, cerramos los ojos, sintiendo su dolor.
—¿Qué fue lo que te paso? —preguntó Nicholas, aguantando