—Em, no entiendo que hacemos en la cárcel donde está tu padre un día domingo —Estacionó el auto mientras se agarraba la cabeza.
—Es el único que puede darme las respuestas que necesito.
—Pero los domingo no hay visitas. Menos en una cárcel cómo esta.
—¿Tú cómo sabes eso? —pregunté, extrañada y mirándolo a los ojos.
—No lo sé, me lo imagino. —Se encogió de hombros.
El edificio era enorme, desde el auto solo veíamos a las personas que hacían guardia, porque las murallas tapaban todo