Cuando fuimos a retirarnos, volvió a entrar Susana y me detuvo mirando a Sahar de reojo, lo cual no me agradó.
—Rogel… deberías regresar a la casa principal… más ahora que tu esposa tendrá un hijo.
—No sé qué relación hay entre usted y ese señor, pero no se crea que por eso tiene algún derecho a pedirme que haga algo. Aléjese de mi vista, mientras más lejos, mejor.
Con eso salí de allí, sentí que iba a vomitar en cualquier momento. Era odio puro lo que sentía por esa mujer. Cuando era niño, ella