Entro a la habitación y él está leyendo la prensa con su secretario al lado, quien al verme enseguida se levanta y nos saluda. No puedo perder de vista la mala cara de Ángel hacia mi esposa; será mejor que no lo diga o pienso salir por esa puerta en nada.
—¿A qué has traído a esa aquí? —espetó mi padre, mirándonos con desdén.
No sé por qué tuve esperanzas de que se callaría. Puse los ojos en blanco y negué con la cabeza mientras giraba sobre mis talones para marcharme, pero mi esposa me retuvo a