—Tenía veintidós años cuando me casé con Julian —dije con voz baja—. Y creí que era la mujer más afortunada del mundo.
Damian bajó la mirada, y por primera vez, no había burla en su expresión. Solo comprensión.
Cuando las dos empresas se fusionaron, el padre de Julian propuso sellar el acuerdo con un matrimonio.
Un contrato de conveniencia que uniría no solo los negocios, sino también a las familias… y, según ellos, aseguraría el legado para las futuras generaciones.
La compañía de mi padr