Contraté a los mejores científicos del mundo, ofreciéndoles sumas inimaginables si lograban resolver el misterio de mi enfermedad. Pero cada intento fue un fracaso… y cada fracaso me hundió un poco más.
Primero, decidieron extirparme el bazo, esperando que el cuerpo generara uno nuevo que asumiera la tarea de eliminar los glóbulos rojos dañados. Pero la mutación no se detuvo; al contrario, se volvió más agresiva.
Después intentaron un trasplante completo de médula ósea —la fuente de todas las