Mundo de ficçãoIniciar sessãoAl despuntar el alba, los primeros rayos del sol se filtraron silenciosamente a través de las cortinas de cristal de la habitación.
Nicole no había pegado los ojos ni un solo segundo en toda la noche. Seguía sentada en la orilla de la cama, envuelta apretadamente en las sábanas desordenadas, sintiéndose infinitamente más sucia, vacía y humillada que nunca antes en su vida.
La puerta del baño privado se abrió y Ethan salió completamente duchado, peinado y vestido con un impecable traje gris de tres piezas, luciente como si la noche anterior jamás hubiera sucedido. Se colocaba el reloj de pulsera frente al espejo de pared cuando notó la presencia de Nicole a través del reflejo, viéndola deshecha y pálida.
—¿Aún estás metida en la cama? —preguntó él con tono fastidiado, acomodándose el cuello de la camisa—. Ya es tarde. No me gusta que la casa parezca un desorden cuando bajo a desayunar.
—Anoche... me llamaste Chloe —la voz de Nicole no fue más que un hilo roto y rasposo, desprovista de toda la dulzura y el brillo que la caracterizaban.
Ethan ni siquiera parpadeó. Terminó de ajustar los botones de su chaleco y se giró despacio para mirarla de frente con una indiferencia helada y desprovista de culpa.
—¿Y qué pretendías que pasara? —dijo con total frialdad—. Estabas en mi cama. Tenía demasiado alcohol encima y te usé para desahogar una necesidad física. Si acepté tocarte fue exclusivamente para cumplir con la posibilidad de engendrar un heredero legítimo para la familia Vance y acelerar la liberación de los fondos del fideicomiso. Nada más. No te confundas.
Nicole se puso de pie de golpe, envolviéndose torpemente la sábana alrededor del cuerpo tembloroso.
—¡Soy tu esposa ante la ley! ¡Soy un ser humano, Ethan! —estalló ella, con las lágrimas volviendo a brotar por la rabia—. ¡Me usaste de la manera más vil y repugnante posible mientras te imaginabas que tenías a otra mujer entre tus brazos! ¡Me trataste como a un objeto inservible!
—¡Tú aceptaste este acuerdo voluntariamente cuando firmaste el contrato! —alzó la voz él, dando un paso amenazante hacia ella que la hizo dar un salto atrás—. Sabías perfectamente desde el primer día que no te amaba ni te amaría jamás. Sabías que mi corazón y mi capacidad de amar murieron la noche en que Chloe subió a ese avión. Así que no vengas a jugar el papel de víctima inocente conmigo ahora. Si tu orgullo de mujer es tan frágil que no puede tolerarlo, eres muy libre de cruzar esa puerta e irte. Pero ten por seguro que antes del mediodía embargaré cada propiedad de tu padre y su empresa estará en bancarrota absoluta.
Ethan tomó su maletín de piel, la miró por última vez con una frialdad destructiva y salió de la habitación, haciendo retumbar la puerta de madera al cerrarla.
Nicole se dejó caer de rodillas sobre la alfombra. Esta vez no emitió ningún sollozo. Las lágrimas se secaron sobre su piel pálida. Algo dentro de ella —la última chispa de amor, la ciega esperanza y la ilusión infantil que guardaba por Ethan Vance— terminó de morir para siempre, dejando únicamente cenizas frías y un vacío impenetrable.







