Dulce engaño. Capítulo 4. Una mujer cabreada.
Dorian Dimitrakis.
Y antes de que yo pudiera responder, Elijah se levantó de donde estaba sentado y se acercó a su madre abrazándola por la cintura.
—¡Mamá! ¿Estabas espiándonos? Eso no está bien, tú siempre me dices que es malo escuchar las conversaciones ajenas y el señor Dorian y yo estábamos hablando cosas de hombres, que las chicas no entienden mamá, y tú eres una chica, además, ¿No deberías estar durmiendo? —preguntó Elijah y ella se sonrió, se inclinó un poco y besó su frente.
—Pues no f