Capítulo 83. La oscuridad del desespero.
Mientras tanto, Lisandro, que se sentía atado de manos por su propio tratamiento, luchaba contra la impotencia que lo consumía. La enfermedad lo tenía en un estado vulnerable, pero su mente seguía funcionando, y eso era lo único que le daba un atisbo de esperanza.
Con un esfuerzo titánico, logró enviar un mensaje a uno de sus hombres de confianza, ordenando que rastrearan los últimos movimientos de Carolina antes de su desaparición. Sabía que el tiempo era esencial, y cada segundo que pasaba