Capítulo 36. Los celos de Eliot.
—¡No lo sé! —gritó Andrea, su voz quebrándose con dramatismo. —Solo me di cuenta de que había unas personas detrás de mí, muy tarde. No sé a dónde la llevaron, solo sé que me separaron de ella.
Carolina dejó escapar un grito de frustración, el eco resonando en la habitación.
—¡Esto es inaceptable! —exclamó—. ¡No te creo! ¿Cómo puedes ser tan egoísta y dejar que mi hija esté en peligro? ¡Es una niña! ¡No seas cruel!
Lisandro sintió que su paciencia comenzaba a agotarse. La situación no avanzaba,