Capítulo 19. La desesperación.
Mientras Carolina estaba en la fría sala del consultorio, su corazón latía con fuerza, como si quisiera escapar de su pecho.
Miró al médico, sus ojos llenos de súplica, mientras las lágrimas brotaban descontroladamente de sus ojos.
—Por favor... —murmuró, su voz temblando—. No me haga esto... ¡No puedo perder a mi bebé!
El médico, con una expresión de pesar, le respondió aunque con suavidad.
—Lo siento, señorita... pero no puedo hacer nada…. Estoy cumpliendo órdenes.
Las palabras resonaron e