Capítulo 18. La confrontación.
Pero si Carolina creía que sus palabras eran suficientes para controlar a una mujer como Genoveva estaba muy equivocada, porque esta en vez de alejarse, comenzó a reírse a carcajadas con una expresión de absoluta maldad, de una manera tan siniestra que le hizo sentir un sudor frío recorrer su espalda.
No pudo evitar quedarse paralizada ante la mirada de la madre de Lisandro, sintió el miedo atenazarla por dentro como con una mano invisible. Mientras la risa de la mujer resonaba en la habitación