Capítulo 106. Una cacería sin tregua.
Enrico salió de la casa con un golpe de puerta que resonó en el silencio de la sala. Su corazón latía con fuerza, y la rabia lo consumía mientras caminaba hacia el coche con pasos firmes, sus pensamientos desbordados por la furia. Dante era su hijo, su sangre, y nadie, ni siquiera Inés, iba a arrebatárselo.
Entretanto, había dejado a Carolina en un estado de terrible remordimiento, sentía que había traicionado a la persona que más los había ayudado. Pero es que se encontraba entre la espada y l