Capítulo 27. Somos amigos
Penélope enarcó una ceja ante la efusividad de la mujer. Era guapa, de cabello corto y rubio, con unos ojos grises como el metal y una sonrisa perfecta. Los celos empezaron a germinar en su corazón al ver a Theo levantarse y sonreírle.
—Hola, qué sorpresa encontrarte en Santorini —le dijo, tomándola del brazo para guiarla a una de las sillas.
—La sorpresa es mía, Theodoros. Es raro verte tomando un descanso, luego de lo que pasó con Nereida… —ella se detuvo al darse cuenta de la presencia de Pe