Capítulo 26. Incondicionalmente
Los rayos del sol se filtraban por el gran ventanal de la lujosa habitación. Callista se movió, enredada entre las suaves sábanas de seda, cubriéndose el rostro con la mano para evitar la intensa luz y las cálidas caricias del astro rey sobre su piel.
La cabeza le zumbaba de dolor, como si miles de legiones marcharan dentro de ella, haciendo que cada pensamiento doliera. Y no era para menos: luego de salir del cementerio, no fue capaz de volver a casa ni de refugiarse en el trabajo, como tantas