Capítulo 28. Solo confía en mí
Callista salió de su habitación con pasos apresurados; su corazón latía entre el enojo y el dolor. Aquella pequeña cadena con la foto de su hija era su mayor tesoro, lo único que la unía a Elena. Lo único que hacía que su existencia se sintiera real, pues los años que estuvieron separadas superaban con creces los que la sostuvo entre sus brazos.
¿Quién se había atrevido a entrar a su habitación y hurgar entre sus pertenencias?
—¡Alena! ¡Dione! ¡Petra! —gritó desde lo alto de la escalera, llaman