Capítulo 10. Para bien o para mal
Penny enarcó una ceja al verlo parado en el umbral. Tenía el cabello revuelto y la ropa empapada; Theo Xenakis se parecía más a un perro mojado que a un hombre. Sus pensamientos casi la hicieron reír; sin embargo, se contuvo.
—Estas no son horas de visita —le reprochó, sin moverse de la puerta para dejarlo entrar.
—Lo siento… yo… ¿puedo entrar? —Penny percibió el aroma a alcohol en su aliento; había estado bebiendo—. Por favor.
—Sabes que debería estar durmiendo, ¿verdad? —le cuestionó, haciénd