Capítulo 11. Tengo que preocuparme
Callista observó el inmenso y solitario mar del Egeo desde la terraza del restaurante donde cenaba con la familia Diamantis. Necesitaba un poco de aire para olvidar lo que había perdido hacía muchos años. Ver a Melina, tan joven y llena de vida, le hacía pensar en su hija, su pequeña y perfecta muñeca. Le dolía más no haber tenido la oportunidad de despedirse de ella.
Estuvo internada tantos días en la clínica que ni siquiera estuvo consciente durante el funeral de su hija, su hermano y su cuña