CHARLOTTE FLAIR
En el instante en que Alex se dirigió furiosa hacia nuestra mesa, golpeó su bolso con rabia, produciendo un fuerte estruendo que inmediatamente atrajo la atención de los clientes cercanos e incluso de los camareros que pasaban a nuestro lado.
Varias cabezas se giraron al instante hacia nosotras.
Un profundo ceño fruncido se dibujaba en su rostro, mientras la irritación brillaba con intensidad en sus ojos.
Betty y yo intercambiamos miradas cómplices antes de volver a mirarla, co