GWEN MORGAN
Aún en casa de Bernard, me senté en silencio en la sala, con la mirada fija en el teléfono que tenía en la mano.
Habían pasado más de dos semanas desde la última vez que lo vi.
Desde que le conté sobre el embarazo, prácticamente se había esfumado sin dar ninguna explicación.
Ni una llamada.
Ni un mensaje.
Nada, absolutamente nada.
Era como si se hubiera borrado de mi alcance por completo.
Durante esas dos semanas intenté contactarlo por todos los medios, pero todos mis intentos fue