—¡ESTÁS LOCA!
Más risas.
—Dios mío, tu cara… —Negué con la cabeza y tuve que apoyarme a la encimera—. Parecías un conejo frente a un cazador.
—¡Será frente a una bruja! Delu, estás loca. —No podía parar de reírme, me dolía el estómago y el pecho—. ¡Pensé que de verdad me clavarías el cuchillo! —Eché la cabeza para atrás y me desgrané como ordinaria—. Pero, ¿qué diablos te pasa?
—Ay señor… Diosito, dame fuerzas… —Intenté calmarme, secándome las lágrimas e intentando respirar—. Lo siento.
—¡¿Qué