Nos levantamos al mismo tiempo para mirar por la ventana. Maël asomó su nariz entre los barrotes de la única que estaba abierta y quedó estático.
—Mierd@… —susurró.
Un carro que atravesó el portón eléctrico.
—¿Quién es? —pregunté. Giró su rostro para mirarme, sus ojos totalmente explayados—. ¿Quién está abriendo el portón, Maël?
—Escóndete en el baño.
Mi cara se arrugó.
—¿Pero quién es?
—Vete al baño, Delu. ¡Rápido! ¡Ya, ya, ya! —demandó, chasqueando sus dedos.
Miré alrededor y fui recogiendo