Maël y yo acordamos vernos todos los fines de semana, por lo que cinco días después de mi encuentro con Fran, agendamos el nuestro. Abril seguía en su apogeo y la obra demandaba mi atención, pero no podía dejar pasar ni un solo sábado de estar allí con él. Así que luego de la normal bienvenida, nos encontrábamos rozando nuestras piernas, acariciándonos, degustando pedazos de cada uno y descubriendo que dicha posición nos encantaba, una de la que estaba empezando a acostumbrarme en apenas un poc