CAPÍTULO 42

Santo Sacramento. Yo… Un resbalón. Por supuesto que yo era tan solo un resbalón.

Y… ¿desde cuándo ellos se hablaban así? No hubo respeto en esas palabras, parecían dos enemigos aclarando un asunto de mal gusto. Sentí… lástima y… rabia, rabia por toda la situación. Niñato. Pocos minutos antes me reclamó por haberlo llamado así, ¡niño! Pero en ese momento me convencí de que sí lo era. ¿Esa era la forma tan horrible y altanera cómo lo habían criado?

—Sácala y no la traigas más. O no “lo” traigas
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