—Hola, madre —saludó Roberto Valtierra a su madre luego de besar su mejilla, para luego proceder a tomar asiento en esa silla que su madre apuntaba—. Me sorprendió un poco que me invitaras a almorzar de la nada, o al menos fue así hasta que Teresa irrumpió furiosa en mi oficina mencionando a Humberto y lo mal que se seguía portando, así que deduje que esto es más por él que por que extrañas a tu hijo, ¿no es así?
—Es justo así —confesó la anciana, sonriendo a un hijo que negaba con la cabeza mi