CAPÍTULO 25

—¿Estás loco? —preguntó Elisa a punto de reír de pura confusión—. ¿Te das cuenta de lo que me estás pidiendo?

—Eres mi futura esposa, ¿no es lógico que vivamos, por lo menos, en la misma ciudad? —preguntó Humberto un poco desesperado porque Elisa ni siquiera le abría la puerta, ella solo había abierto la ventana y desde ahí lo escuchó y ahora le discutía.

—No soy tu futura esposa —reiteró la joven rubia, molesta—. Esto es una mentira a la que accedí por tu chantaje… Humberto, ¿cuándo me vas a dejar de hacer daño?

—No pretendo hacerte daño —aseguró el cuestionado, mucho más que confundido con la actitud de la madre de sus hijas—. Elisa, deja el teatro, ni siquiera entiendo por qué rayos estás molesta, así que, para empezar, abre la puerta… dentro hablemos de la mudanza.

—No me voy a mudar a ningún lado —aseguró la rubia—, no a menos que me amenaces con otra cosa diferente a arruinar el negocio de mi familia, porque ese está cubierto con esta mentira de ser prometidos.

Humberto, escucha
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