—¿Estás loco? —preguntó Elisa a punto de reír de pura confusión—. ¿Te das cuenta de lo que me estás pidiendo?
—Eres mi futura esposa, ¿no es lógico que vivamos, por lo menos, en la misma ciudad? —preguntó Humberto un poco desesperado porque Elisa ni siquiera le abría la puerta, ella solo había abierto la ventana y desde ahí lo escuchó y ahora le discutía.
—No soy tu futura esposa —reiteró la joven rubia, molesta—. Esto es una mentira a la que accedí por tu chantaje… Humberto, ¿cuándo me vas a d