El arrepentimiento le recorrió la piel junto a las cálidas gotas de agua que la regadera depositaba sobre de ella.
Elisa no podía creer que no solo se había dejado llevar por el deseo con ese hombre que debería mantener alejado de ella, sino que fue quien lo invitó a entrar en su cama y cuerpo, y todo porque no había logrado sacarlo de su corazón.
Sin embargo, lo ocurrido había sido inevitable, es decir, en las siete semanas que tenían juntos, siendo los padres de sus amadas hijas, ella había