—Oh mi diosa hecha mujer —Auguste la abrazaba con fuerza—, más de un mes separado de ti ha sido una tortura. Entregarme a los brazos de la muerte debe ser más fácil que afrontar cada día sin ti.
—Auguste hablamos todos los días —sonrió Liana mientras Auguste la llenaba de besos en el rostro—, no exageres.
—Es un alivio tener un par de días libres, desde el ataque ha sido todo tan caótico —Auguste la cargo para depositarla en su cama, Liana soltó una risotada mientras el se posicionaba a su lado