Estefan soltó el humo de cigarro, mirando aquellos árboles que, si bien no ha estado mucho tiempo por ese lado del Reino porque la familia real tenía su porción propia de bosque, los árboles eran los mismos, las mismas hojas, los mismos sonidos.
Decir que estaba aterrado era poco, ver a la mujer que iba a dar a su hijo con un poco de su vientre abultado le puso los nervios de punta.
—¿Estás bien?
Joon apareció abrazándolo por la espalda y poniendo su cabeza en su hombro.
—Si, perdón por lo últi