—¿Estás bien? —Jess frunció el ceño mirando a Gunnar—, te has visto muy nervioso en los últimos días.
—No es nada —Gunnar cerró su libro y le sonrío a Jess para tranquilizarla—, solo… solo estaba pensado como mejorar las cosas aquí, ya sabes, sin yo aquí con mis poderes, el hijo de Wasilla hubiera muerto o quedado paralítico.
Jess asintió.
El día anterior uno de los hijos pequeños de Wasilla se había montado en un árbol muy grande junto a sus demás amigos. No pudo sujetarse bien y cayó justo en