Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl eco de mis palabras resonó en el despacho. Nicolás había adoptado una postura digna para alguien que llevaba el peso de la culpa y el temor. Pero mis ojos se clavaron directamente en él, sin importar el suelo o la posición de sus rodillas. Era un hombre roto, que escondía mucho más de lo que confesaba.
—Levántate, Nicolás —ordené, mi voz firme como el filo de una espada—. Y tú también






