178. JULIETA A SALVO
Horacio sintió cómo un furioso remolino se agitaba en su interior. Su loba, Hor, estaba al borde de un rugido silencioso que amenazaba con consumirlos a ambos. Pero no dijo nada. Permitió que Julieta siguiera hablando, dejando que aquel río de sufrimiento se desbordara completamente.
—El día que te encontré en el club en Brasil. había escapado de ellos, al menos por unas horas. —Su voz temblaba con un dejo de esperanza rota—. Fue la primera vez en años que me sentí feliz, porque creí que po